La última etapa feliz que recuerdo es mi tardía adolescencia, por aquellos tiempos solía jugar a ser adulto y la verdad, lo hacía muy bien. Después cuando creí serlo, empece a jugar a otros juegos más peligrosos. Comenzamos a fumar marihuana sin saber absolutamente nada sobre el tema, y ahí empezó una carrera de conocimientos, perfeccionamiento de la técnica, tolerancia a la sustancia, etc, de la que ninguno saldríamos victoriosos. Pasamos años saboreando y disfrutando cada calada, hasta que se convirtió en rutina y ya nada era como al principio. ¿Que íbamos a hacer para solucionarlo? ¿Dejar de fumar? Seguro que no, demasiado lógico. Poco a poco sin darnos cuenta íbamos subiendo la dosis hasta cruzar la línea. Tras años de esfuerzo conseguimos una tolerancia admirable, tanto que ya no sentíamos nada y aquello que tanto nos motivaba desapareció completamente. Lo que se quedo con nosotros fue ese gusanillo que nos perseguirá durante todas nuestras vidas, la gran tentación infinita de volver a caer una y otra vez sin descanso. Los que empezamos con aquello nunca volvimos a ser los mismos y al ponerle fin tuvimos que alejarnos sin remedio.
Finalizada esta etapa, ya no me quedan juegos por probar, no puedo jugar a ser adulto porque ya lo soy, ni a fumar canutos para bajarme del mundo, porque hace ya, dejó de surgir efecto . Me pregunto que viene ahora, cual es mi lugar en esta sociedad que tan poco me gusta. Necesito algo a lo que agarrarme, algo por lo que luchar, he perdido la ilusión y la fe en las personas. Soy contrario a los nuevos valores que se inculcan, a este nuevo modelo de vida que proponen. Dichos valores se reflejan sobre todas las cosas posibles, música, cine, trabajo, etc, puesto que todo esta hecho por el mismo hombre manchado por esta nueva era de egoísmo, interés, apariencia y desigualdades.
Me planteo entonces buscar una solución posible, tengo claro de lo que no quiero formar parte. Por ello, debo centrarme en lo que desconozco, aquello a lo que quiero pertenecer. Para esto se me ha ocurrido hacer en solitario el camino de Santiago, para así buscar en lo más profundo de mi una razón para seguir.