lunes, 21 de diciembre de 2015
Empecemos a ser
¿Ser o parecer?
Por muy triste que parezca, el mundo gira en torno a las apariencias, todo, absolutamente todo lo que hacemos, decimos o pensamos esta voluntaria o involuntariamente condicionado por las apariencias. Y esto convierte la vida en una autentica mentira, me es difícil imaginar un tipo de libertad más absurda que esta, si es que esto se puede llamar libertad, puesto que cambiamos lo que nosotros queremos en realidad, por lo que los demás creen que se debe hacer.
Fue ahí cuando se me vino a la cabeza la pregunta: ¿Ser o parecer? ¿Qué es en realidad más importante? Para llevar una vida corriente y exitosa, sin demasiadas alteraciones, por supuesto, parecer, es mucho importante. Si quieres formar parte de eso adelante, pero ¿y si no? ¿Y si inviertes los polos? ¿Y si dejas el parecer para empezar a ser?
Todo es lo que parece
Todo es lo que parece. Y nada es lo que realmente es. Si quieres dedicarte a lo que es, hazte científico. Pero para los demás, todo es apariencia, y normalmente muy por encima de nuestras posibilidades. Eres lo que pareces. Tú, aquél y el de más allá. Ahórrate tus platonismos sobre los límites de la percepción. Porque los límites de tu percepción son los límites de tu existencia. Porque todo es lo que parece. Y lo que no parece, ya no aparece, ya no está.
Todo es lo que parece. Tu apariencia es la que tira de ti. Los psicólogos lo llaman efecto Pigmalión. Lo que los demás perciban te condiciona hasta el punto de hacerte actuar de manera alterada. Si sabes que piensan que eres idiota, te acabarás comportando como tal. Si sabes que piensan que eres corrupto, acabarás metiendo la mano en la caja. Total, si ya lo creen todos. Ya qué importa, qué más da.
Risto Mejide
Viva España
Yo soy de los pocos que se sienten orgullosos de formar parte de este país, aunque, por supuesto, no es como me gustaría que fuese, yo soy de los que quiere una España fuerte y unida independientemente de quien la gobierne. Yo soy de izquierdas pero antes de eso soy español y no entiendo lo contrario. Para que las cosas mejoren, necesitamos gente que se suba al carro en vez de bajarse, todos formamos parte de España, y entre todos podemos hacer que cambien las cosas. ¿Acaso no existe la posibilidad de tener ideologías de izquierdas y al mismo tiempo estar orgulloso de pertenecer a tu país?
miércoles, 9 de diciembre de 2015
La eternidad bien entendida
“Solíamos jugar a ‘Novios por un día’. Este juego consistía en que a lo largo de toda la mañana y toda la noche éramos novios y nos entregábamos el uno al otro. Al terminar el día, se acababa. No había momento para dejarse nada ni para pensar en tonterías, porque al final del día ya no nos tendríamos. “Lo que se pierde, se pierde”, nos decíamos. Éramos tan felices queriéndonos así que solíamos repetir con bastante frecuencia. Al principio, una vez al mes; luego, una vez a la semana. Una vez estuvimos jugando cuatro años seguidos.”
Confundimos compromiso con esclavitud, pero la esclavitud es solo esto: vivir bajo los mandatos del miedo
“Ahora nuestro mayor miedo en las relaciones con otras personas es que pensamos que el hecho de que nos preparen el desayuno es que ya te están pidiendo matrimonio. Y es entonces cuando te vas a las cinco de la mañana después de hacer el amor en vez de quedarte y disfrutar del momento”.
Siempre he tenido una teoría: tanto si estás soltero, como si estás en pareja, estate al 100%. No tiene sentido estar en un amanecer mirando al Oeste ni en un atardecer mirando al Este. Que donde estés, estés.
Vivimos bajo una oleada de cobardía. La mayoría de relaciones fracasa por la inoperancia de unosamantes que lejos de lanzarse con todo se rondan a medio gas. Bajo el nombre de la libertad escondemos nuestro miedo al compromiso. Siempre tenemos una excusa. Decimos “no, es que no quiero esto” o “es que prefiero aquello”, cuando en realidad lo que nos arde dentro es un “no me atrevo”.
Antes, cuando conocías a una persona que te gustaba, el miedo era a terminar, pero te arriesgabas; ahora, aunque encuentres a una persona que te encanta, el miedo es a empezar. Hemos pasado del miedo a la independencia al miedo a la dependencia, del miedo a estar solos al miedo a vivir acompañados, del miedo a morir al miedo a vivir.
Conocemos a las personas con ganas de huir. Cada persona es un mundo entero, y nosotros, en lugar de viajar por ellas, hacemos turismo. Sentimos que si nos quedamos más tiempo del que dura la reserva tenemos que mudarnos allí, y eso nos supone un peso tan grande que hacemos rápidamente las maletas.
La eternidad no es estar juntos en el futuro, sino estar juntos en el presente.
Vivimos en una constante contradicción, en una lucha de fuerzas centrífugas y centrípetas que acaban por paralizarnos. Es una lucha entre huir y quedarse. Necesitamos amor, pero cuando lo tenemos nos resulta una carga… ¡para seguir buscando amor! Pensamos que quedarse es perder libertad porque eso nos obligaa renunciar. Es una sensación de “y ya nunca más podré…” que nos cae encima como una enorme losa.
Sentimos que al comprometernos se cierran puertas a nuevas posibilidades y que con ello se empobrece nuestra vida, y es en ese momento cuando nos vamos en busca de nuevas oportunidades que nunca agarraremos porque siempre nos quedará la sensación de que nos dejamos algo en algún lugar. Lo queremos todo y queremos estar en todas partes, ignorando que estar en todos lados es la mejor forma de no estar en ningún sitio. La omnipresencia es la forma más sutil de ausencia que la soledad conoce.
La principal razón para temer el compromiso es que no sabemos lo que es. Confundimos compromiso con esclavitud. Es curioso cómo a una mujer se le llama esposa, a una pulsera, esclava y al dedo en que ponemos el anillo de boda, anular. La idea de que compartir vida nos hace esclavos y nos anula ha inundado nuestro vocabulario. Sin embargo, la esclavitud es solo una cosa: vivir bajo los mandatos del miedo.
No existe un siempre ni existe un mañana. La eternidad es un engaño de nuestra mente. Tratar de prometer la eternidad es, además de falso, absolutamente aterrador. Decir “quiero estar siempre contigo” es más irreal que decir “quiero que siempre sea como hoy”. Nadie sabe lo que querrá en el futuro. No existe boli ni boda que pueda firmar un para siempre. El amor se da, pero no se puede prometer, pues a toda promesa le sigue una deuda y a toda deuda una obligación. Nadie puede entregarse al máximo a una exigencia. Y de eso se trata, de entregarse al máximo. Por eso el amor puede ser doloroso, decepcionante o incierto, pero siempre será libre. (Libertad es el apellido del amor omitido por redundante).
Contra el miedo al compromiso solo hay una solución: comprometerse.
Comprométete, pero no te comprometas con él, ni con ella, comprométete con el momento y contigo mismo. Cuando estés con él, o cuando estés con ella, estate ahí y no en ningún otro sitio, porque la eternidad no es estar juntos en el futuro, sino estar juntos en el presente, y no importa tanto el tiempo que compartáis como que os esforcéis por vivirlo al máximo y hacer de él una experiencia auténtica. Solo cuando uno extrae lo máximo de una situación puede decidir en libertad si quiere más o no.
Por eso, tanto si estás conociendo a alguien como si ya os conocéis desde hace tiempo, olvida que le debes algo, porque a la única persona a quien debes es a ti. Y recuerda que el mejor favor que podemos hacerle a ese “para siempre” y la mejor forma de honrar a la eternidad es entregarnos en cuerpo y alma a nuestro momento, a quien tenemos a nuestro lado y no estar en ninguna otra parte.
Pablo Arribas
domingo, 22 de noviembre de 2015
Al otro lado del estrecho
Viendo el racismo que reina por las calles de España, me pongo a pensar en los del otro lado. Esas pobres personas que viven en nuestro país lejos de su hogar y de sus familias, esos que hacen lo que nosotros no queremos hacer. Si a esto le sumamos insultos, miraditas, comentarios absurdos y demás, la situación se complica más todavía, puesto que el odio solo genera odio y bastante tienen los pobres con soportar la cantidad de muertes que se producen desde hace mucho tiempo en nombre de su Dios, para que además se les culpe de ello.
Por eso os pido un poco de sentido común, no dejemos que ellos paguen lo que han hecho otros. Para reflexionar sobre este tema os recomiendo la película "Mi nombre es Khan y no soy un terrorista" que además de ser exquisita os dará otro punto de vista sobre estos aspectos.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Haz lo que sea para que no parezca amor
Haz que no parezca Amor.
Que es lo que se lleva ahora.
Duelen tantas tripas en nombre de la libertad.
Tú dices libre y yo digo cobarde.
Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante.
Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está desnudo y vulnerable.
Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio.
Yo es que no quiero nada serio.
Como si no fuera lo suficientemente serio estar dentro físicamente de otro ser humano.
Yo es que no creo en las etiquetas.
Como si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo.
Yo es que busco pasar el rato.
Como si la vida fuera para siempre.
Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos.
Tan irrespetuoso con la vida. Tan impaciente.
Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más altos, más guapas, más fuertes, más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos.
Porque no queremos que nadie nos conozca.
Porque es más sencillo empezar de nuevo cada poco vendiendo nuestra mejor cara.
Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado.
Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude.
A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada.
Nada serio.
Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar.
Haciendo del Amor una servidumbre de paso.
¿No sientes a veces que tú vales más que todo eso que haces?
Que tú eres un jodido milagro.
Con tus ojos que todavía pueden ver.
Con tu pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras.
Con tu boca capaz de dar las gracias.
Con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te dan?
Dos besos mal pegados.
Tres minutos entre las piernas.
Cinco embestidas.
Y un WhatsApp: No me agobies.
Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles.
Ahora si dices que sientes algo, estás loco.
Es muy pronto. Muy arriesgado. Poco inteligente.
Dime tú, cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces.
¿Cómo se finge la vida?
Cómo se hace para que nunca parezca Amor.
Y que simplemente parezca un accidente.
Que es lo que se lleva ahora.
Duelen tantas tripas en nombre de la libertad.
Tú dices libre y yo digo cobarde.
Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante.
Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está desnudo y vulnerable.
Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio.
Yo es que no quiero nada serio.
Como si no fuera lo suficientemente serio estar dentro físicamente de otro ser humano.
Yo es que no creo en las etiquetas.
Como si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo.
Yo es que busco pasar el rato.
Como si la vida fuera para siempre.
Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos.
Tan irrespetuoso con la vida. Tan impaciente.
Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más altos, más guapas, más fuertes, más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos.
Porque no queremos que nadie nos conozca.
Porque es más sencillo empezar de nuevo cada poco vendiendo nuestra mejor cara.
Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado.
Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude.
A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada.
Nada serio.
Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar.
Haciendo del Amor una servidumbre de paso.
¿No sientes a veces que tú vales más que todo eso que haces?
Que tú eres un jodido milagro.
Con tus ojos que todavía pueden ver.
Con tu pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras.
Con tu boca capaz de dar las gracias.
Con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te dan?
Dos besos mal pegados.
Tres minutos entre las piernas.
Cinco embestidas.
Y un WhatsApp: No me agobies.
Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles.
Ahora si dices que sientes algo, estás loco.
Es muy pronto. Muy arriesgado. Poco inteligente.
Dime tú, cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces.
¿Cómo se finge la vida?
Cómo se hace para que nunca parezca Amor.
Y que simplemente parezca un accidente.
Roy Galán
miércoles, 21 de octubre de 2015
sábado, 3 de octubre de 2015
De ti para mi
Agustín fue la historia más bonita que jamas podría haber contado. Nos enamoramos sin más, no hizo falta nada. Mi inocencia de 15 años y su locura, mi locura y sus sueños, su bondad y mi picardía, mis ilusiones y sus fantasías...
Todo se mezclo y estallo una bomba en la cual me sumergí, pensando que jamas podría superar algo así. Sueños cumplidos, cualquier deseo con el se hizo realidad. Quizá fue eso lo que nos llevo a la nada... Esa edad, esa forma de volar... Con el tiempo me di cuenta de que por cualquier extraña razón no congeniábamos en un mundo normal. Ahora pienso que quizá ese fue mi problema. Agustín no era un chico con el cual comer con la familia el domingo, ni con el que ir a cenar y volver a casa. Era una persona para volar, alguien con quien jamás quedé a ninguna hora y siempre estaba ahí, para hacer lo que sea y lo que sea siempre era fantástico. Ahora entiendo que no funcionara. No era él o yo, era la magia. Para que eso funcionara deberíamos ser jóvenes eternamente. No crecer ni física ni emocionalmente, porque incondicionalmente quieres y necesitas muchas más cosas, por triste que suene, incluso a mí. O no lo sé. Por mucho que intente comprenderlo a veces creo que si lo hubiera conocido con otra edad quizá habría funcionado. Fue un gran amor. Pero se acabo...
Todo se mezclo y estallo una bomba en la cual me sumergí, pensando que jamas podría superar algo así. Sueños cumplidos, cualquier deseo con el se hizo realidad. Quizá fue eso lo que nos llevo a la nada... Esa edad, esa forma de volar... Con el tiempo me di cuenta de que por cualquier extraña razón no congeniábamos en un mundo normal. Ahora pienso que quizá ese fue mi problema. Agustín no era un chico con el cual comer con la familia el domingo, ni con el que ir a cenar y volver a casa. Era una persona para volar, alguien con quien jamás quedé a ninguna hora y siempre estaba ahí, para hacer lo que sea y lo que sea siempre era fantástico. Ahora entiendo que no funcionara. No era él o yo, era la magia. Para que eso funcionara deberíamos ser jóvenes eternamente. No crecer ni física ni emocionalmente, porque incondicionalmente quieres y necesitas muchas más cosas, por triste que suene, incluso a mí. O no lo sé. Por mucho que intente comprenderlo a veces creo que si lo hubiera conocido con otra edad quizá habría funcionado. Fue un gran amor. Pero se acabo...
Am
sábado, 9 de mayo de 2015
Brain sex
Al final, después de atravesar ese complicado momento en el que nos damos cuenta de que nadie es perfecto y de que la decepción duele más que el enfado, comprendí que cuando esperas algo de alguien y ese alguien te da exactamente ese algo, es que has conectado a la perfección, con otra mente. Y os puedo asegurar que no tiene precio. De hecho, es probable que sea una de las pocas cosas que no tienen precio hoy en día.
Cuando te pasa eso no quieres parar. Cuando encuentras una mente capaz de ir de cero a diez, adelantándote por la derecha y retándote a que tú también lo hagas...
A veces la única manera de encontrar el equilibrio es encontrar una mente maravillosamente opuesta a la nuestra. Por eso creo que hay mentes que encajan a la perfección. Por eso hay que follarse a las mentes.
El cajón de Gatsby
sábado, 25 de abril de 2015
Nunca pensamos que acabaríamos echando de menos aquellos gritos
Hace unos días estaba en Marchena dejando a mi compañero en casa, y hoy ya no está. Aun no lo creemos, los humanos no estamos hechos para entender la muerte, ni siquiera somos capaces de imaginarla y por eso no sabemos como llevar esto. Él era un luchador dentro y fuera del campo, sus ganas de vivir, su fuerza, no se van, se quedan con nosotros como ejemplo. Su equipo lo recordara siempre corriendo como un león, peleando cada balón con ese corazón tan fuerte que tenía, incluso desde la portería se dejaba la garganta ,a veces hasta en exceso, para contagiarnos sus ganas y su forma de entender el fútbol, en nuestras cabezas quedará su espíritu de lucha.
Vivimos creyendo que vamos a estar aquí para siempre, por eso, a veces la muerte se acerca para recordarnos lo bello de nuestra existencia, nuestra vida tiene valor porque se acaba, porque en cualquier momento nos podemos ir. Mientras tanto vivimos preocupados por cosas absurdas, estresados, agobiados por los estudios, el trabajo, problemas económicos, sentimentales etc... sacrificando el presente para vivir un supuesto futuro mejor, sin embargo no contemplamos que ese supuesto futuro ,quizás no llegue, y si llega tal vez no sea como esperamos, puesto que la felicidad no se encuentra en muchas de esas cosas. Por eso debemos valorar el tiempo sobre todas las cosas, es lo único de lo que nadie puede escapar, disfrutemos del presente por nosotros y por él.
Descansa en paz compañero, nosotros siempre te recordaremos.
miércoles, 25 de marzo de 2015
Reciclandome
Tras dos años vuelvo a escribir, ¿por qué? porque lo echaba de menos, esto es algo que requiere esfuerzo, concentración y por lo tanto en cuanto se pierde la acostumbre crece el miedo y acabas dejándolo cada vez más. Pero a veces cuando tengo que escribir la conclusión de los trabajos que copio, disfruto incluso hablando de temas que la mayoría de veces no me interesan en absoluto, y así, me volvió a picar el gusanillo. Por eso esta tarde he estado leyendo las entradas del blog, y me he dado cuenta de que ahora escribiría las cosas de forma distinta, tal vez por los años, o quizás porque he cambiado, pero en definitiva, creo que he crecido como escritor, sin escribir, al crecer como persona y me apetece plasmar las experiencias que me trae esta nueva etapa de mi vida y ver de que forma las escribo, para observar si existe ese cambio que creo ver.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)