Prefiero una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila.
martes, 23 de mayo de 2017
Al sur de ninguna parte
Todos pertenecemos al lugar donde nacemos, esa huella jamas se borra, es como tratar de huir de tu propia sombra.
Jordi Sierra i Fabra
miércoles, 3 de mayo de 2017
lunes, 28 de marzo de 2016
¿Qué quieres de mi?
Se fue y vuelvo a respirar, pasamos de la ansiedad y los nervios al vació y el arrepentimiento. Se fue y con ella se van mis ganas de amar. Cuando la tengo delante es como sino fuera a marcharse jamás, olvido que solo serán unas horas y que después pueden pasar semanas, meses o años. Esa falsa sensación que tengo cuando estamos juntos hace que no me tire a la piscina, que no me la coma a besos y le diga lo que de verdad quiero. Y es cuando te pierdo, cuando reacciono y te beso, sin importarme el momento, porque ya solo importas tu y tu boca y no tengo nada más que perder que eso. Porque no sabes lo que me pesa dejarte escapar una y otra vez sin al menos intentarlo.
Pero no me atrevo. No, porque me has enseñado que cuanto más te de, menos quieres, no consigo olvidarme de cuando te lo dí todo y me quede sin nada y tengo miedo, miedo de que vuelva a pasar lo mismo de darte tanto que te vuelvas a ir y quizás no volver.
Y así seguimos en un mar de dudas, jugando a ser novios por un día, para que después todo vuelva a la normalidad. Nos buscamos el uno al otro pero no somos valientes, no nos atrevemos a decir lo que sentimos, porque quizá, en el momento no lo sepamos, porque es muy complicado, porque lo que sentíamos antes era tan fuerte que ahora, años después, es difícil que se equipare con tan solo unas horas cada demasiado tiempo.
Pero no me atrevo. No, porque me has enseñado que cuanto más te de, menos quieres, no consigo olvidarme de cuando te lo dí todo y me quede sin nada y tengo miedo, miedo de que vuelva a pasar lo mismo de darte tanto que te vuelvas a ir y quizás no volver.
Y así seguimos en un mar de dudas, jugando a ser novios por un día, para que después todo vuelva a la normalidad. Nos buscamos el uno al otro pero no somos valientes, no nos atrevemos a decir lo que sentimos, porque quizá, en el momento no lo sepamos, porque es muy complicado, porque lo que sentíamos antes era tan fuerte que ahora, años después, es difícil que se equipare con tan solo unas horas cada demasiado tiempo.
domingo, 27 de marzo de 2016
domingo, 13 de marzo de 2016
Buscando mi sitio
La última etapa feliz que recuerdo es mi tardía adolescencia, por aquellos tiempos solía jugar a ser adulto y la verdad, lo hacía muy bien. Después cuando creí serlo, empece a jugar a otros juegos más peligrosos. Comenzamos a fumar marihuana sin saber absolutamente nada sobre el tema, y ahí empezó una carrera de conocimientos, perfeccionamiento de la técnica, tolerancia a la sustancia, etc, de la que ninguno saldríamos victoriosos. Pasamos años saboreando y disfrutando cada calada, hasta que se convirtió en rutina y ya nada era como al principio. ¿Que íbamos a hacer para solucionarlo? ¿Dejar de fumar? Seguro que no, demasiado lógico. Poco a poco sin darnos cuenta íbamos subiendo la dosis hasta cruzar la línea. Tras años de esfuerzo conseguimos una tolerancia admirable, tanto que ya no sentíamos nada y aquello que tanto nos motivaba desapareció completamente. Lo que se quedo con nosotros fue ese gusanillo que nos perseguirá durante todas nuestras vidas, la gran tentación infinita de volver a caer una y otra vez sin descanso. Los que empezamos con aquello nunca volvimos a ser los mismos y al ponerle fin tuvimos que alejarnos sin remedio.
Finalizada esta etapa, ya no me quedan juegos por probar, no puedo jugar a ser adulto porque ya lo soy, ni a fumar canutos para bajarme del mundo, porque hace ya, dejó de surgir efecto . Me pregunto que viene ahora, cual es mi lugar en esta sociedad que tan poco me gusta. Necesito algo a lo que agarrarme, algo por lo que luchar, he perdido la ilusión y la fe en las personas. Soy contrario a los nuevos valores que se inculcan, a este nuevo modelo de vida que proponen. Dichos valores se reflejan sobre todas las cosas posibles, música, cine, trabajo, etc, puesto que todo esta hecho por el mismo hombre manchado por esta nueva era de egoísmo, interés, apariencia y desigualdades.
Me planteo entonces buscar una solución posible, tengo claro de lo que no quiero formar parte. Por ello, debo centrarme en lo que desconozco, aquello a lo que quiero pertenecer. Para esto se me ha ocurrido hacer en solitario el camino de Santiago, para así buscar en lo más profundo de mi una razón para seguir.
lunes, 18 de enero de 2016
Fly time
Cuanto más mayores nos hacemos más rápido pasa el tiempo. ¿Porque? Cuando eres niño un año representa un porcentaje enorme de toda tu vida. Percibimos el tiempo de manera relativa al tiempo total que hemos vivido.Una hora no se percibe igual con 5 años que con 55. A medida que las personas envejecen la velocidad de conducción nerviosa disminuye y el paso del tiempo se percibe peor.
El paso de los años hace que nuestros días sean más parecidos y el tiempo vuela. A menudo medimos el tiempo con las primeras veces, el primer día de colegio, el primer beso, el primer hijo, cuando se acaban los primeros todo se vuelve hueco y rutinario. Prestar atención al presente, generar nuevos recuerdos, disfrutar de todo lo que se os ponga delante y esto hará que la vida tenga sentido.
El paso de los años hace que nuestros días sean más parecidos y el tiempo vuela. A menudo medimos el tiempo con las primeras veces, el primer día de colegio, el primer beso, el primer hijo, cuando se acaban los primeros todo se vuelve hueco y rutinario. Prestar atención al presente, generar nuevos recuerdos, disfrutar de todo lo que se os ponga delante y esto hará que la vida tenga sentido.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Empecemos a ser
¿Ser o parecer?
Por muy triste que parezca, el mundo gira en torno a las apariencias, todo, absolutamente todo lo que hacemos, decimos o pensamos esta voluntaria o involuntariamente condicionado por las apariencias. Y esto convierte la vida en una autentica mentira, me es difícil imaginar un tipo de libertad más absurda que esta, si es que esto se puede llamar libertad, puesto que cambiamos lo que nosotros queremos en realidad, por lo que los demás creen que se debe hacer.
Fue ahí cuando se me vino a la cabeza la pregunta: ¿Ser o parecer? ¿Qué es en realidad más importante? Para llevar una vida corriente y exitosa, sin demasiadas alteraciones, por supuesto, parecer, es mucho importante. Si quieres formar parte de eso adelante, pero ¿y si no? ¿Y si inviertes los polos? ¿Y si dejas el parecer para empezar a ser?
Todo es lo que parece
Todo es lo que parece. Y nada es lo que realmente es. Si quieres dedicarte a lo que es, hazte científico. Pero para los demás, todo es apariencia, y normalmente muy por encima de nuestras posibilidades. Eres lo que pareces. Tú, aquél y el de más allá. Ahórrate tus platonismos sobre los límites de la percepción. Porque los límites de tu percepción son los límites de tu existencia. Porque todo es lo que parece. Y lo que no parece, ya no aparece, ya no está.
Todo es lo que parece. Tu apariencia es la que tira de ti. Los psicólogos lo llaman efecto Pigmalión. Lo que los demás perciban te condiciona hasta el punto de hacerte actuar de manera alterada. Si sabes que piensan que eres idiota, te acabarás comportando como tal. Si sabes que piensan que eres corrupto, acabarás metiendo la mano en la caja. Total, si ya lo creen todos. Ya qué importa, qué más da.
Risto Mejide
Viva España
Yo soy de los pocos que se sienten orgullosos de formar parte de este país, aunque, por supuesto, no es como me gustaría que fuese, yo soy de los que quiere una España fuerte y unida independientemente de quien la gobierne. Yo soy de izquierdas pero antes de eso soy español y no entiendo lo contrario. Para que las cosas mejoren, necesitamos gente que se suba al carro en vez de bajarse, todos formamos parte de España, y entre todos podemos hacer que cambien las cosas. ¿Acaso no existe la posibilidad de tener ideologías de izquierdas y al mismo tiempo estar orgulloso de pertenecer a tu país?
miércoles, 9 de diciembre de 2015
La eternidad bien entendida
“Solíamos jugar a ‘Novios por un día’. Este juego consistía en que a lo largo de toda la mañana y toda la noche éramos novios y nos entregábamos el uno al otro. Al terminar el día, se acababa. No había momento para dejarse nada ni para pensar en tonterías, porque al final del día ya no nos tendríamos. “Lo que se pierde, se pierde”, nos decíamos. Éramos tan felices queriéndonos así que solíamos repetir con bastante frecuencia. Al principio, una vez al mes; luego, una vez a la semana. Una vez estuvimos jugando cuatro años seguidos.”
Confundimos compromiso con esclavitud, pero la esclavitud es solo esto: vivir bajo los mandatos del miedo
“Ahora nuestro mayor miedo en las relaciones con otras personas es que pensamos que el hecho de que nos preparen el desayuno es que ya te están pidiendo matrimonio. Y es entonces cuando te vas a las cinco de la mañana después de hacer el amor en vez de quedarte y disfrutar del momento”.
Siempre he tenido una teoría: tanto si estás soltero, como si estás en pareja, estate al 100%. No tiene sentido estar en un amanecer mirando al Oeste ni en un atardecer mirando al Este. Que donde estés, estés.
Vivimos bajo una oleada de cobardía. La mayoría de relaciones fracasa por la inoperancia de unosamantes que lejos de lanzarse con todo se rondan a medio gas. Bajo el nombre de la libertad escondemos nuestro miedo al compromiso. Siempre tenemos una excusa. Decimos “no, es que no quiero esto” o “es que prefiero aquello”, cuando en realidad lo que nos arde dentro es un “no me atrevo”.
Antes, cuando conocías a una persona que te gustaba, el miedo era a terminar, pero te arriesgabas; ahora, aunque encuentres a una persona que te encanta, el miedo es a empezar. Hemos pasado del miedo a la independencia al miedo a la dependencia, del miedo a estar solos al miedo a vivir acompañados, del miedo a morir al miedo a vivir.
Conocemos a las personas con ganas de huir. Cada persona es un mundo entero, y nosotros, en lugar de viajar por ellas, hacemos turismo. Sentimos que si nos quedamos más tiempo del que dura la reserva tenemos que mudarnos allí, y eso nos supone un peso tan grande que hacemos rápidamente las maletas.
La eternidad no es estar juntos en el futuro, sino estar juntos en el presente.
Vivimos en una constante contradicción, en una lucha de fuerzas centrífugas y centrípetas que acaban por paralizarnos. Es una lucha entre huir y quedarse. Necesitamos amor, pero cuando lo tenemos nos resulta una carga… ¡para seguir buscando amor! Pensamos que quedarse es perder libertad porque eso nos obligaa renunciar. Es una sensación de “y ya nunca más podré…” que nos cae encima como una enorme losa.
Sentimos que al comprometernos se cierran puertas a nuevas posibilidades y que con ello se empobrece nuestra vida, y es en ese momento cuando nos vamos en busca de nuevas oportunidades que nunca agarraremos porque siempre nos quedará la sensación de que nos dejamos algo en algún lugar. Lo queremos todo y queremos estar en todas partes, ignorando que estar en todos lados es la mejor forma de no estar en ningún sitio. La omnipresencia es la forma más sutil de ausencia que la soledad conoce.
La principal razón para temer el compromiso es que no sabemos lo que es. Confundimos compromiso con esclavitud. Es curioso cómo a una mujer se le llama esposa, a una pulsera, esclava y al dedo en que ponemos el anillo de boda, anular. La idea de que compartir vida nos hace esclavos y nos anula ha inundado nuestro vocabulario. Sin embargo, la esclavitud es solo una cosa: vivir bajo los mandatos del miedo.
No existe un siempre ni existe un mañana. La eternidad es un engaño de nuestra mente. Tratar de prometer la eternidad es, además de falso, absolutamente aterrador. Decir “quiero estar siempre contigo” es más irreal que decir “quiero que siempre sea como hoy”. Nadie sabe lo que querrá en el futuro. No existe boli ni boda que pueda firmar un para siempre. El amor se da, pero no se puede prometer, pues a toda promesa le sigue una deuda y a toda deuda una obligación. Nadie puede entregarse al máximo a una exigencia. Y de eso se trata, de entregarse al máximo. Por eso el amor puede ser doloroso, decepcionante o incierto, pero siempre será libre. (Libertad es el apellido del amor omitido por redundante).
Contra el miedo al compromiso solo hay una solución: comprometerse.
Comprométete, pero no te comprometas con él, ni con ella, comprométete con el momento y contigo mismo. Cuando estés con él, o cuando estés con ella, estate ahí y no en ningún otro sitio, porque la eternidad no es estar juntos en el futuro, sino estar juntos en el presente, y no importa tanto el tiempo que compartáis como que os esforcéis por vivirlo al máximo y hacer de él una experiencia auténtica. Solo cuando uno extrae lo máximo de una situación puede decidir en libertad si quiere más o no.
Por eso, tanto si estás conociendo a alguien como si ya os conocéis desde hace tiempo, olvida que le debes algo, porque a la única persona a quien debes es a ti. Y recuerda que el mejor favor que podemos hacerle a ese “para siempre” y la mejor forma de honrar a la eternidad es entregarnos en cuerpo y alma a nuestro momento, a quien tenemos a nuestro lado y no estar en ninguna otra parte.
Pablo Arribas
domingo, 22 de noviembre de 2015
Al otro lado del estrecho
Viendo el racismo que reina por las calles de España, me pongo a pensar en los del otro lado. Esas pobres personas que viven en nuestro país lejos de su hogar y de sus familias, esos que hacen lo que nosotros no queremos hacer. Si a esto le sumamos insultos, miraditas, comentarios absurdos y demás, la situación se complica más todavía, puesto que el odio solo genera odio y bastante tienen los pobres con soportar la cantidad de muertes que se producen desde hace mucho tiempo en nombre de su Dios, para que además se les culpe de ello.
Por eso os pido un poco de sentido común, no dejemos que ellos paguen lo que han hecho otros. Para reflexionar sobre este tema os recomiendo la película "Mi nombre es Khan y no soy un terrorista" que además de ser exquisita os dará otro punto de vista sobre estos aspectos.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Haz lo que sea para que no parezca amor
Haz que no parezca Amor.
Que es lo que se lleva ahora.
Duelen tantas tripas en nombre de la libertad.
Tú dices libre y yo digo cobarde.
Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante.
Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está desnudo y vulnerable.
Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio.
Yo es que no quiero nada serio.
Como si no fuera lo suficientemente serio estar dentro físicamente de otro ser humano.
Yo es que no creo en las etiquetas.
Como si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo.
Yo es que busco pasar el rato.
Como si la vida fuera para siempre.
Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos.
Tan irrespetuoso con la vida. Tan impaciente.
Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más altos, más guapas, más fuertes, más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos.
Porque no queremos que nadie nos conozca.
Porque es más sencillo empezar de nuevo cada poco vendiendo nuestra mejor cara.
Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado.
Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude.
A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada.
Nada serio.
Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar.
Haciendo del Amor una servidumbre de paso.
¿No sientes a veces que tú vales más que todo eso que haces?
Que tú eres un jodido milagro.
Con tus ojos que todavía pueden ver.
Con tu pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras.
Con tu boca capaz de dar las gracias.
Con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te dan?
Dos besos mal pegados.
Tres minutos entre las piernas.
Cinco embestidas.
Y un WhatsApp: No me agobies.
Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles.
Ahora si dices que sientes algo, estás loco.
Es muy pronto. Muy arriesgado. Poco inteligente.
Dime tú, cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces.
¿Cómo se finge la vida?
Cómo se hace para que nunca parezca Amor.
Y que simplemente parezca un accidente.
Que es lo que se lleva ahora.
Duelen tantas tripas en nombre de la libertad.
Tú dices libre y yo digo cobarde.
Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante.
Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está desnudo y vulnerable.
Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio.
Yo es que no quiero nada serio.
Como si no fuera lo suficientemente serio estar dentro físicamente de otro ser humano.
Yo es que no creo en las etiquetas.
Como si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo.
Yo es que busco pasar el rato.
Como si la vida fuera para siempre.
Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos.
Tan irrespetuoso con la vida. Tan impaciente.
Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más altos, más guapas, más fuertes, más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos.
Porque no queremos que nadie nos conozca.
Porque es más sencillo empezar de nuevo cada poco vendiendo nuestra mejor cara.
Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado.
Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude.
A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada.
Nada serio.
Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar.
Haciendo del Amor una servidumbre de paso.
¿No sientes a veces que tú vales más que todo eso que haces?
Que tú eres un jodido milagro.
Con tus ojos que todavía pueden ver.
Con tu pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras.
Con tu boca capaz de dar las gracias.
Con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te dan?
Dos besos mal pegados.
Tres minutos entre las piernas.
Cinco embestidas.
Y un WhatsApp: No me agobies.
Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles.
Ahora si dices que sientes algo, estás loco.
Es muy pronto. Muy arriesgado. Poco inteligente.
Dime tú, cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces.
¿Cómo se finge la vida?
Cómo se hace para que nunca parezca Amor.
Y que simplemente parezca un accidente.
Roy Galán
miércoles, 21 de octubre de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)